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Reflexiones · 02

Limpiar sin permiso es invasión

Limpiar sin permiso es invasión.

Ir por la vida interviniendo procesos ajenos no es espiritualidad, es falta de límites.

Puedes saber limpiar energéticamente una casa, canalizar, trabajar con energías, hacer rituales o llevar años trabajando en ti. Pero nada de eso te da derecho a entrar en el proceso de otra persona sin permiso.

No somos dioses.

No sabemos qué proceso está atravesando esa persona, qué necesita vivir o qué tiene que aprender de él. La sanación requiere permiso y también humildad.

¿Expansión o superioridad?

Dar “lecciones de vida” a quien no ha pedido tu guía no siempre es ayudar.

A veces estamos alimentando nuestro propio ego espiritual creyendo que sabemos qué necesita otra persona.

Tu herida no justifica mi daño.

Decir “si te molesta es tu espejo” no puede convertirse en una forma de invalidar el dolor de otra persona o de evitar hacernos responsables del impacto que tenemos.

Sí, podemos tener heridas.
Sí, podemos tener cosas que trabajar.

Pero tu herida no justifica mi daño y mi herida tampoco justifica el daño que pueda hacerte a ti.

Hacernos responsables también forma parte del camino.

Salvar al mundo para no mirarte a ti.

A veces queremos sostener el dolor de todo el mundo, solucionar la vida de otros, ayudar, sanar y salvar mientras evitamos mirar lo que está ocurriendo dentro de nosotros.

La luz sin integridad es solo ruido.

Puedes canalizar.
Puedes trabajar con frecuencias elevadas.
Puedes conocer muchas herramientas espirituales.

Pero ninguna sustituye atender tus emociones, tus sombras y tu propia vida.

Renuncia a ser el protagonista.

No somos salvadores que hemos venido a rescatar la Tierra.

Somos humanos aprendiendo.

Cada persona tiene su proceso, sus tiempos y su camino.

Puedes acompañar cuando te lo pidan.
Puedes ofrecer una mano.
Puedes compartir aquello que sabes.

Pero también puedes apartarte y permitir que otra persona recorra su propio camino.

Tu mayor aporte puede ser hacerte cargo de ti.

Trabajar tus sombras.
Aprender a gestionar tus emociones.
Reconocer cuando te equivocas.
Pedir perdón cuando haces daño.
Respetar los tiempos y procesos de los demás.

Quizá tu mayor aporte no sea salvar a nadie.

Quizá sea hacerte cargo de ti.